jueves, 5 de mayo de 2011

Monodia por la paz


Según el diccionario de la Real Academia Española, el término monodia significa canto a una sola voz. Entiendo que este término puede ser utilizado como adjetivo para describir las grandes acciones de la líder indígena guatemalteca, Rigoberta Menchú Tum. Su obra se convirtió en el canto a una sola voz de miles de indígenas latinoamericanos que claman por la paz y la justicia a diario. A través de este ensayo reflexionaré sobre la vida, las acciones y el legado de la recipiente del Premio Nobel de la Paz en el año 1992.

Rigoberta Menchú Tum nació el 9 de enero de 1959 en una familia campesina y pobre perteneciente a la etnia indígena maya-quiché. Desde infante participó de las actividades de trabajo en las que todos los miembros de su familia y su comunidad participaban, por ejemplo, el recogido de café. Sin embargo, dichas actividades no siempre se llevaron a cabo en un ambiente pacífico, específicamente desde el momento en el que se estableció una organización guerrillera en el área. Desde su adolescencia Rigoberta Menchú formó parte de actividades de reforma social a través de la iglesia católica. Estas acciones junto a la de sus familiares los llevaron a ser considerados parte de la guerrilla por parte de los militares. Desde aquí comenzaron los momentos más amargos en la vida de Rigoberta Menchú, pero que se convertirían en su motivación para ponerle un alto a toda la actividad violenta que ocurría a diario y nadie mencionaba.
En el año 1979 su hermano fue arrestado, torturado y asesinado por parte de los militares. En su autobiografía, Me llamo Rigoberta Menchú y así nació mi conciencia, la autora recuerda: “El caso de mi hermanito, estaba cortado en diferentes partes del cuerpo. Estaba rasurado de la cabeza y también cortado de la cabeza. No tenía uñas. No llevaba las plantas de los pies. Los primeros heridos echaban agua de la infección que había tenido el cuerpo.” Estos recuerdos describen con lujo de detalle el abuso y la violencia a la que estas personas se enfrentaban a diario. Su padre, Vicente Menchú, fue encerrado y quemado en vida junto a un grupo de campesinos que se encontraban en la Embajada Española de Guatemala. A su vez, su madre también fue asesinada tras ser violada y torturada múltiples veces. Sobre este lamentable evento la autora recuerda: “De todos modos iban a matar a mi madre como también nos iban a matar a nosotros. Esos dolores los teníamos que guardar nosotros como un testimonio de ellos y que ellos nunca se expusieron cuando también les pasaron los grandes sufrimientos. Así fue cómo tuvimos que aceptar que mi madre de todos modos tenía que morir.” La suma de todos estos horribles eventos que Rigoberta Menchú tuvo que vivir encendieron en ella el deseo y la fuerza para luchar por su pueblo y convertirse en su voz. Organizó marchas, protestas y se mantuvo activa en la lucha por los derechos humanos de su gente. A consecuencia de estas acciones tuvo que refugiarse en Méjico en el año 1981. No obstante, esto no impidió que su faena culminase sino que reforzó sus ideales y le permitió esparcir  su mensaje a través del mundo. Desde allí organizó actividades de resistencia a la opresión de su pueblo, publicó su autobiografía, logró ser escuchada por las Naciones Unidas y regresó en 1988 a Guatemala protegida por su prestigio. No obstante, las constantes amenazas de muerte cada vez que visita su país la obligan a regresar al exilio y trabajar desde otra parte.
Por su lucha y sus logros fue otorgado el Premio Nobel de la Paz a Rigoberta Menchú Tum en el año 1992. Creó una fundación con el propósito de ayudar a los pueblos indígenas del continente y actuó como mediadora en el proceso de restaurar la paz entre las guerrillas y el gobierno guatemalteco.

Rigoberta Menchú Tum es un ejemplo vivo de perseverancia, lucha, esfuerzo, tenacidad, constancia, entre muchos otros adjetivos que surgen en mi cabeza cuando pienso en ella. Su vida demuestra que los obstáculos que se nos presenten a través de nuestras vidas deben convertirse en nuestra llama interior para lograr justicia y equidad en cualquier aspecto. Esta investigación sobre la vida de este gran ser humano fue muy placentera. Conocí sobre el país de Guatemala, su cultura y los valores de su pueblo, entre muchos otros detalles de la vida de Rigoberta Menchú. Por otra parte, realizar el blog resultó mucho más complicado de lo que pensé. Sin embargo, esto fue solo en el principio. A medida que lo fui conociendo se me hizo cada vez más llevadero y disfruté tener la libertad de un espacio en donde pudiese reflexionar sobre esta gran líder. Llevar a cabo esta investigación me permitió conocer más sobre las realidades que ignoramos a diario y que son dignas de conmemorar. La justicia, la equidad, la moral y la lucha, no tan solo por nuestros ideales, sino que por lo que humanamente es correcto deben motivar cada una de nuestras acciones. Hoy en día el egoísmo se ha convertido en la base de nuestra labor y entusiasmo erróneos. La vida  y el legado de Rigoberta Menchú Tum siempre estará presente para recordarnos lo contrario.
                                                                  Y. García Smaine 

No hay comentarios:

Publicar un comentario